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6 de enero de 2011

67: "EL CORAZÓN DE LAS RAZAS ANTIGUAS"

Principios del año 2.572 a.C., Meseta de Guiza (Egipto)
Interior de la Gran Pirámide

Khalid recorría tembloroso los primeros metros de La Gran Galería, con la tenue luz de su antorcha trataba de escrutar los grabados y jeroglíficos de las paredes, sabía bien que su vida corría un grave peligro, conocía el castigo que caería sobre él si era descubierto por alguno de los guardias, pero después de siete años de duro trabajo como esclavo en la pirámide, se veía en la necesidad personal de descubrir sus secretos.
Apenas había andado una docena de metros cuando su oído le alertó del peligro, en la entrada de la galería resonaban los pasos de dos o tres personas. Apagó la antorcha y trató de averiguar de quien se trataba, veía las siluetas de dos guardias del faraón y delante de ellos un individuo alto y delgado, que reconoció al instante por su voz, era Hemiunu, el arquitecto principal de La Gran Pirámide.
Khalid corrió asustado y a oscuras hacia el interior, palpando la pared con la mano en busca de una escapatoria, de repente su mano encontró una salida, un angosto pasadizo que descendía casi en vertical, bajó por él y llegó hasta una pequeña sala iluminada por antorchas, donde había dos sarcófagos y un enorme pozo. En la boca del pozo, de espaldas a Khalid, un hombre ataviado con ropa ceremonial, recitaba versos sagrados. Se trataba de Kaaper, el sumo sacerdote, una persona muy allegada al faraón Jufu. De repente una intensa niebla gris salió del pozo, engullendo a Kaaper y haciéndole desaparecer. Khalid, perplejo, se acercó al pozo, y al mirar en su interior, sintió que algo tiraba de él con una fuerza descomunal, se sintió tragado literalmente por el pozo.
La caída fue vertiginosa, su cuerpo se aceleraba más y más con cada segundo que pasaba, Khalid tenia la sensación de estar cayendo en un abismo infinito. Cuando abrió los ojos, aún quedaba algo de niebla gris a su alrededor, estaba en una habitación circular, que solo tenia una puerta de forja, detrás de la puerta escuchó una voz grave, casi gutural, que le daba la bienvenida al sumo sacerdote y le invitaba a tomar asiento. Khalid se acercó a la puerta para tratar de ver entre la forja lo que sucedía en la estancia contigua. Se trataba de otra habitación circular, pero mucho más grande que la primera, en el centro había una mesa también circular, coronada por un enorme trono y en la cabecera del trono se podía distinguir algo muy conocido por Khalid, el símbolo del dios Asir, señor de los muertos y guardián del inframundo. Alrededor de la mesa, además del trono,  había cinco sillas, dos de ellas vacías, en las otras tres se encontraban sentados Kaaper y dos hombres más. De pié junto al trono, con el Cetro de Uas en la mano, un enorme ser de piel verdosa, decía con tono amenazador:
- Son muchos los favores que le han sido entregados gratuitamente a la humanidad, pero su arrogancia y su codicia les ha llevado a apartarse del trabajo que les fue encomendado por sus hermanos de las estrellas, no han sabido hacer un buen uso de los valiosos dones con los que se les agració, y por lo tanto, esos dones deben ser devueltos. Veo que los representantes de la Atlántida y de Mu han decidido desafiarme. -Dijo Asir señalando a las sillas vacías - Renunciando a la entrega voluntaria de sus dones han cometido una temeridad que pagarán con la extinción. - Sentenció Asir mientras se sentaba pesadamente en el trono.
El hombre que estaba situado a la derecha de Kaaper, tenia unos rasgos que khalid jamás había visto. Su piel era rojiza y llevaba el pelo trenzado, sujeto por un penacho de plumas. Dijo llamarse Cha’Kwaina y se presentó como gran chaman de la tribu Hopi. Cha’Kwaina se levantó y sacó de entre sus ropas una pequeña esfera de color verde-azulado:
- Aquí le entrego nuestro más preciado don. Es la capacidad de ver y sentir al espíritu de la Madre Tierra, de vivir en comunión con la naturaleza y de conocer y respetar las leyes de la madre Gaia.
 Asir cogió la pequeña esfera y la introdujo dentro de un corazón de cristal, que se iluminó al contacto con la esfera.
- El pueblo Hopi ha cumplido con su parte. - Dijo Asir- Y su existencia perdurará en el tiempo hasta los últimos días de este mundo- . Kaaper se levantó y de una bolsa de cuero que llevaba atada a la cintura extrajo una esfera semejante a la que había entregado el chaman hopi, pero de color amarillo-anaranjado. Puso la esfera en la mano de Asir y dijo con voz solemne:
– Aquí le entrego el mas preciado de los dones del pueblo de Egipto, es la conciencia espiritual, es la conexión con nuestro espíritu individual y la capacidad de comprender que todos los seres humanos de la tierra tienen su propio espíritu y que todos formamos parte de un mismo espíritu.
Asir guardó la esfera dentro del corazón de cristal y le dijo:
– El pueblo de Egipto ha cumplido con su parte y le será entregada la capacidad de influir en los espíritus de las gentes de la tierra, a través de la religión. Y de la religión de Egipto nacerán todas las demás religiones del mundo.
El tercer hombre era algo mas bajo de estatura, pero de complexión fuerte, su pelo era de un negro azabache y sus ojos algo rasgados. Dijo llamarse Chimalma, gran hechicero del pueblo Maya. Siguiendo el mismo ritual que los otros dos hombres, Chimalma sacó de una pequeña caja de madera, una esfera de color negro con pequeñas motas blancas.
– Aquí le entrego el más preciado de los dones del pueblo Maya, la capacidad para comprender el universo que nos rodea y para relacionarse con nuestros hermanos de las estrellas. El don de saber que no estamos solos y que Ellos nos cuidan y protegen.
Asir cogió la esfera, la metió dentro del corazón de cristal y dijo:
– El pueblo Maya ha cumplido con su parte y eso no sólo salvará a su pueblo hoy, sino que el pueblo Maya será rescatado y trasportado a un planeta seguro cuando llegue el momento.
Cuando Asir termino de hablar, la niebla gris volvió de nuevo, cubriendo toda la estancia y llevándose con ella a los tres hombres. Al disiparse, sólo Asir continuaba en la habitación con el corazón de cristal en la mano. En ese momento Khalid se dio cuenta de su situación; se había quedado sólo en el inframundo y sin saber como regresar a casa.
Aún no se había desembarazado de sus desalentadores pensamientos cuando sintió la presencia de algo o alguien detrás de él. Un escalofrío recorrió su espalda. Horrorizado, Khalid giró la cabeza y descubrió a un hombre de casi dos metros de altura, de espalda ancha, y vestido como un guerrero.
– No te asustes -dijo el guerrero- soy Euenor, general del ejercito atlante, estoy aquí para salvar a toda la raza humana, devolviéndole los dones que Asir pretende robarle.
Khalid, un poco mas tranquilo preguntó:
– ¿Cómo vas a devolver esos dones a la humanidad? ¿Y como se puede salir de aquí?
Euenor le respondió:
- Con la ayuda de los hermanos de las estrellas. Ellos me ayudarán. Así se lo han asegurado a nuestros magos. Les han enviado un mensaje alertándoles sobre la traición que trama Asir. El muy infame pretende que la humanidad pierda todo contacto con el mundo espiritual, para así poder controlarla. Según decía el mensaje sólo un hombre mortal, un elegido, puede detener esta maquinación, por eso estoy aquí, los magos creen que soy ese hombre.
Las palabras del guerrero no consiguieron apaciguar los ánimos de Khalid, que seguía preocupado por su propia situación.
– ¿Puedo acompañarte para salir de aquí? – Preguntó el asustado egipcio.
– Puedes seguirme si quieres, sólo los dioses decidirán si sales o no. Pero hemos de darnos prisa, el tiempo no transcurre como en la superficie. Cada minuto aquí, son dos décadas ahí arriba.
Euenor entró decidido en la habitación del trono, Asir ya no se encontraba allí, pero sí el corazón de cristal, que destacaba luminoso sobre la mesa. Euenor guardó el corazón en un saco y se lo colocó a la espalda.
- ¡Vamos egipcio, por esa ventana¡- Gritó el atlante, mientras señalaba a la única ventana de la estancia.
Khalid corrió hacia la ventana, se asomó, y se le encogió el corazón. Todo alrededor de la habitación y hasta donde alcanzaba la vista eran montañas y montañas de ceniza gris. Khalid saltó al exterior cayendo sobre un montón de ceniza que se apilaba a un par de metros por debajo de la ventana, rodó unos metros y, al incorporarse, vio a Euenor en el quicio de la ventana preparándose para saltar. ¡Zas! Un chasquido sonó con la fuerza de un relámpago. Asir con un hábil movimiento de su látigo, había conseguido enrollarlo en el cuello de Euenor, que se agarraba con fuerza a los lados de la ventana tratando de contrarrestar la fuerza del señor del inframundo. Durante el forcejeo el saco se abrió y el corazón de cristal cayó a los pies a Khalid.
– ¡Coge el corazón y corre! – Grito el atlante en un último esfuerzo justo antes de que las fuerzas le fallasen y fuese arrastrado al interior de la habitación.
Khalid corrió lo mas deprisa que pudo con el preciado objeto entre las manos. No sabía que dirección tomar, pero sí que tenia que alejarse rápido. Galgueó durante unos segundos antes de escuchar un terrible murmullo, miró hacia atrás sin detenerse y descubrió aterrado una enorme masa de extraños seres, con cabeza de cocodrilo, cuerpo de león y unas enormes garras.
Las piernas le ardían por el esfuerzo y la respiración rápida y entrecortada, anunciaba el inminente límite de sus fuerzas. Khalid se detuvo agotado y se giró para afrontar su fatal destino, los seres ya se contaban por cientos, y llegarían en unos segundos. Sonó un fuerte zumbido y dos extraños hombres, vestidos como el chaman Hopi, llegaron deslizándose sobre escudos voladores. Uno de ellos tensó un arco que llevaba en las manos y, al soltar la flecha, ésta se multiplicó alcanzando de un sólo disparo a varios cientos de las extrañas criaturas. Mientras disparaba sin descanso el otro hombre se acercó a Khalid y le dijo con incomprensible serenidad:
– Saludos hombre mortal, soy Poganghoya, y él es mi hermano Palongawhoya. Hemos sido enviados desde el mundo de los espíritus Hopi para ayudarte. Ya estás cerca del final del camino. Continúa hasta el gran abismo, atraviésalo y estarás en tu mundo.
Khalid comenzó a correr como si sus fuerzas le hubiesen sido devueltas. Subió y bajó tres montañas de ceniza. Al subir la cuarta un inmenso vacío se abrió ante él. No se veía el fondo ni el otro lado del impresionante abismo.
- ¿Que debo hacer ahora? - Gritó desesperado - ¿Cómo diablos se cruza esto? – Preguntó en voz alta. Pero no hubo respuesta. Sólo el silencio.
En un último y desesperado intento cogió carrerilla y al llegar al borde del abismo saltó con todas sus fuerzas. El descenso vertical fue inmediato. Khalid cerró los ojos para evitar la visión de su espantoso final y, cuando se creía ya perdido, su cuerpo chocó contra algo blando y mullido.
 Abrió los ojos y se vio volando a lomos de una gigantesca serpiente voladora, cubierta de llamativas plumas. De pronto, una voz comenzó a sonar dentro de su cabeza:
- Querido humano, no sientas temor, mi nombre es Quetzalcóatl y estoy aquí para llevarte al mundo exterior.
Khalid cerró pesadamente los ojos, el cansancio volvió a su cuerpo con una fuerza que jamás había sentido. Sin poder evitarlo se quedó dormido entre las plumas de su salvador.


Diciembre de 2012 d.C. Ciudad de Buenos Aires (Argentina)


Khalid abrió de nuevo los ojos. Sentía que ya estaba en casa pero todo era tan distinto a su alrededor. Su cuerpo también había cambiado, se veía envejecido y con cierto tono grisáceo en la piel. Con sumo cuidado sacó de entre sus ropas el corazón de cristal y, tras admirarlo unos instantes, lo lanzó contra el suelo rompiéndolo en mil pedazos. Las esferas quedaron libres y ascendieron con rapidez hacia el encapotado cielo nocturno de la ciudad, devolviéndole a la humanidad los dones antaño perdidos. Desde ese momento todas las razas de la tierra recobrarían su conciencia de espíritu, su contacto benefactor y permanente con los hermanos de las estrellas y recordarían como entender, respetar y disfrutar de la Madre Tierra.
En el cielo la estrella de Sirio, la más luminosa del firmamento, brilló con un extraño color azul, rebosante de complicidad.
DIEGO D. MARTINO
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Diego se ha animado a escribir otro cuento. Y lo mejor es que lo ha hecho porque le ha gustado la experiencia. Muchas gracias Diego por tan gran honor.

“Nací en Burgos, en agosto 1977, hijo de una asturiana y un extremeño, hace 7 años que me mudé a Asturias, al concejo de Villaviciosa, donde dirijo un comercio. Siempre me he sentido asturiano y así me considero, principalmente porque quiero serlo. Nunca había escrito nada hasta ahora. Soy músico vocacional  y tengo algunos discos y maquetas grabados. Además quiero señalar mi afición por el teatro amateur. Hace un par de años que formo parte de una pequeña compañía local. Os deseo a toda la  gente del blog un:
¡¡Feliz Año 2011!!”

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